A los que, a mi lado, vieron abrirse las puertas del infierno
Mal que le pese al equipo encabezado por Ángel Sala, la edición de este año del Festival Internacional de Cinema de Catalunya Sitges 2006 ha sido incapaz de remontar el tremendo resbalón de anunciar un homenaje por todo lo alto a David Lynch y no tenerle ni a él ni a su Inland Empire. Sin ese hito, la programación ha sido especialmente mediocre, siendo curiosamente superproducciones como La fuente de la vida, The Host, Black Book, Hijos de hombres o Exiled las que subieron el nivel sin que ninguna, excepto la obra de Johnnie To, se revelara como una obra maestra, mientras simpáticas sorpresas como Brick, Edmond, Dog Bite Dog, Princess, Isolation o Fido entretenían al personal. Todo un chasco, por cierto, las sesiones sorpresa: Bosque de sombras fue una muy buena elección, pero aunque se habló mucho de La dalia negra la realidad fue mucho más sosa, en forma de la repetición de un film que no pudo proyectarse y una comedia supuestamente "radical" y tan insufrible como Borat.
Como primera experiencia en Sitges del autor, indicar que el aspecto organizativo (especialmente cara a prensa) ha sido desastroso y, según los veteranos de años anteriores, ha empeorado con respecto a otras ediciones. Los insufriblemente tempraneros pases para prensa, unidos al surrealista baile de acreditaciones de cada pase, unido a la necesidad de unos tickets para ciertas sesiones que se agotaban excesivamente pronto, la incapacidad de algunos responsables de sala de improvisar y dejar pasar a la prensa que se quedaba fuera pese a que los cines estuvieran semivacíos... Todo ello ha provocado la sensación de un festival desangelado, perdido en su propia desorganización, que ha acusado además de una notable falta de público, incluso de prensa acreditada, pues muchos han aprovechado el puente de la segunda semana de octubre para pasarse por Sitges. La organización quizá debería plantearse, más allá de pases clase A y clase B, dividir los pases por días de estancia, quizá otorgando mayores privilegios a los que más días pasen cubriendo el festival en lugar de pasar unos pocos días para cumplir.
Como resulta un poco absurdo hacer una crónica por días a posteriori, lo que haremos es desmenuzar las 36 películas que pudimos ver en el flojo Sitges 2006. Al menos, eso sí, la compañía fue grata, con todos los ingredientes que uno puede desear en una obra maestra.
LOS ABANDONADOS. Pasar del cortometraje al largo puede ser un camino traumático, y a Nacho Cerdà parece habérsele atragantado el viaje. Dejando aparte algunos apuntes aislados, ciertas ideas de puesta en escena, esta ópera prima ofrece una anécdota mínima, excesivamente reiterativa, ofrecida además por unos personajes trazados con tiza y sin relevancia alguna, con diálogos que bordean peligrosamente el ridículo. Lo peor es la sensación de que su textura visual no aporta nada a lo desarrollado por Jaume Balagueró y, sobre todo, que su ambientación en Rusia, lejos de aportar algún elemento inquietante, es una mera excusa para conseguir financiación de la zona. Una oportunidad desaprovechada.
BIG BANG LOVE, JUVENILE A. Takashi Miike se caracteriza, aparte por ser increíblemente prolífico, por una inevitable irregularidad. Y en este film alcanza uno de sus puntos más bajos, ya que sus ansias autorales y experimentales le llevan a mirarse el ombligo con un deleite que aburre al espectador hasta provocar ronquidos generales en la sala. La influencia de la ausencia de escenarios de Lars Von Trier en Dogville y Manderlay no es despreciable en sí, como tampoco los arranques a lo mockumentary, pero sí lo es la pobre y pedante utilización que hace el autor, que parece borracho de los elogios que le brindan sus fans.
BLACK BOOK. En uno de los momentos más bajos del Festival, Paul Verhoeven animó el cotarro con su vuelta a Europa con una epopeya histórica ambientada en la Holanda bajo el dominio nazi, una especie de complemento de Eric, oficial de la reina que muestra la cara oscura de la resistencia con mucha acción, violencia, sexo y, sobre todo, un sentido del ritmo y una mala leche tremendas (atención al cínico final, una auténtica patada en la entrepierna a la sociedad). Que casi dos horas de cine se pasen en un suspiro indican que detrás hay un narrador con habilidad y confianza en sí mismo, sobre todo cuando puede centrar la acción en una actriz que se merienda la cámara como Carice van Houten, un descubrimiento a seguir muy de cerca.
BORAT. Que la segunda película sorpresa de Sitges fuera esta auténtica mediocridad no es, precisamente, lo que éste necesitaba para solventar el resbalón de no haber podido llevar ni a Lynch ni a su Inland Empire. Sacha Baron vuelve con este film a recurrir a su humor políticamente incorrecto, pero lanzando leches sin ton ni son, con unas ansias de provocación que, mal que le pese a los que salieron encantados de verla, no tienen nada detrás. Por supuesto, hay algún chiste que se salva: también lo había en Aquí llega Condemor o El robobo de la jojoya, y eso no las hace obras cumbres del humor. Es una cuestión de estadística.
BOSQUE DE SOMBRAS. El cine no está hecho de intenciones y, desgraciadamente, las que tenía Koldo Serra para su debut no bastan para que éste se convierta en una buena película. Alexandre Aja también invocaba a Perros de paja y Deliverance para su reescritura de Las colinas tienen ojos, pero el problema es que el español sigue de forma tan obsesiva la senda marcada por Sam Peckinpah que es incapaz de imponer su personalidad. Su mirada fría, distante, a unos personajes no muy bien trazados provoca que los momentos supuestamente tensos no acaben de funcionar, a pesar del interés y el atractivo de las situaciones. Lástima que la buena labor de actores tan destacables como Gary Oldman y Lluís Homar tenga que convivir con la sosería de Aitana Sánchez-Gijón y, sobre todo, con una lamentable Virginie Ledoyen.
BRICK. Sin excesivas intenciones, y a la chita callando, esta película de instituto de Rian Johnson se ha ido abriendo camino, ganando premios y cosechando elogios. Y no es para menos. Es un entretenimiento de primera, que recoge con inteligencia las claves del noir a lo Raymond Chandler (eso sí, sin sus intenciones sociológicas), aunque trasladándolo a los esquemas adolescentes, manteniendo bien la tensión y el interés, utilizando además unos diálogos secos y percutantes, lanzando de paso una mirada muy negra y desesperada sobre la juventud americana. Algunos tópicos chirrían al ser trasladados casi literalmente, aunque se perdonan por su inmenso protagonista, un Joseph Gordon-Levitt en el papel de su vida.
LA CIENCIA DEL SUEÑO. Después de la maravillosa Olvídate de mí (sin duda, el mejor libreto que ha escrito el sobrevalorado Charlie Kaufman), Gondry se lanza a ejercer de guionista y director, pariendo una película irregular, pero innegablemente interesante. Sobran secuencias de sueños, que lastran en demasía la narración y le quitan tiempo a lo más apasionante, la historia de amor imposible entre Gael García Bernal y Charlotte Gainsbourg, dos seres heridos, asociales, que intentan pero no pueden superar sus problemas juntos. Pese a su tono dulce e irónico, el retrato de la enfermedad mental del protagonista, que le impide una vida normal, es demoledor.
DOG BITE DOG. Un thriller de Categoría III realmente brutal, ultraviolento, con unas escenas de acción tan pasadas de vueltas que resultan irresistibles. Si no fuera por el patético recurso de la historia de amor que hay por en medio, sería imposible no dejarse hechizar por el progresivo intercambio de roles entre el animalesco asesino camboyano que interpreta Edison Chen y el policía pasota que aborda Sam Lee, pues su enfrentamiento en las calles de Hong Kong va convirtiéndose en una auténtica caza sin cuartel, sin cortapisas morales, que deja al espectador boquiabierto por su fuerza y su ritmo. Lástima que los ridículos diálogos y, sobre todo, los innecesarios 30 minutos finales, que suponen un giro melodramático totalmente innecesario, le resten eficacia a lo que podría haber sido un ejemplo de policíaco sencillo, pero eficaz.
DUELIST. Un monumento a la nada. Casi dos horas de mezclas genéricas imposibles, en una historia que no sabe a dónde va ni lo que quiere transmitirle al espectador, en la que la comedia pisa las posibilidades del drama, el drama impide que funcione la comedia, y los inanes personajes impiden que el melodramático giro final le llegue al espectador. Myung-se Lee ha tardado 6 años en intentar dejar atrás el impacto de su Nowhere to Hide, y el resultado es tan inenarrablemente lamentable que la lectura es incluso positiva: es difícil que su siguiente película sea peor que ésta. Eso sí, la fotografía y las escenas de acción son espectaculares.
EDMOND. Aparte de sus incursiones en el terror, Stuart Gordon parece estar últimamente labrándose una carrera paralela cada vez más interesante, con títulos como el thriller King of the Ants o esta adaptación de la obra homónima de David Mamet (escrita por él mismo), que en un metraje muy ajustado lanza una mirada marciana, con un sentido del humor cínico y desesperado, sobre los temores y las flaquezas del americano medio, que William H. Macy interpreta de forma soberbia. Más allá de los abundantísimos cameos, destaca la sobriedad expresiva de Gordon, la mala leche de la historia (una especie de parodia, aunque en clave muy realista y todavía más desesperanzada, de American Psycho) y, sobre todo, unos diálogos impagables, inenarrables.
ELECTION II. La posición del que escribe estas líneas, que aún tiene entre sus tareas pendientes ver la anterior Election, resulta interesante para valorar en su justa medida una secuela como ésta. Porque lo cierto es que Johnnie To confía demasiado en el conocimiento del espectador del film anterior, dejando algunos personajes desdibujados, mal retratados, a cambio de darle mayor preeminencia a otros nuevos que, la verdad, poco aportan a lo anteriormente tratado. La frialdad expositiva de To le da mucha fuerza a algunos momentos de la trama, especialmente a las escenas más brutales, pero también le perjudica al tender a dejar al espectador al margen, impidiéndole implicarse en una trama que impide agarrarse a personaje alguno. Un film, en definitiva, más que notable, pero que depende en exceso de su antecesor.
EXILED. No hagan caso del palmarés: ésta, y no otra, es la película del Festival. Culmen de la madurez estilística y narrativa que To exhibía ya en Breaking News, esta secuela espiritual (que no argumental) de The Mission renueva los gastadísimos estilemas del heroic bloodshed devolviéndolo a sus raíces occidentales, retomando las influencias del western pero sin renunciar al espíritu del cine de Hong Kong. A lo largo de la narración se detectan ecos de Sam Peckinpah, Sergio Leone, John Ford o Howard Hawks, incluidos con inteligencia y sentido crítico, enriqueciendo un entramado argumental que pone por delante al desarrollo de personajes y a sus relaciones, hasta el punto de que las brillantísimas escenas de acción (¿cómo destacar una de entre todas, impresionantes, vibrantes y disfrutables?) también ayudan a que éstos vayan adquiriendo densidad, ayudados por un grupo de actores que van más allá del estado de gracia, y cuya amistad en la vida real se palpa en la pantalla hasta hacer el previsible final trágico mucho más trágico todavía.
FIDO. Una refrescante sorpresa, esta comedia de Andrew Currie hace una sátira del american way of life de los años 50 utilizando la temática zombi a lo Romero, lo que además le sirve para hacer un sincero homenaje, menos irónico de lo que parece, a los melodramas de Douglas Sirk. Currie demuestra un respecto y un conocimiento excelentes del género, pero además demuestra un cinismo y una ironía que no pierden gas en ningún momento de la película, criticando el conservadurismo norteamericano con una elegancia y una inteligencia dignas de un mayor reconocimiento a nivel de premios del que consiguió. Una película a reivindicar a partir de ya, y que convierte a Currie en un talento a seguir muy de cerca a partir de ahora.
FOUR. Aunque hace tiempo que dejó atrás su mejor época, Larry Cohen aún es capaz de parir guiones tan divertidos como los de Última llamada o Cellular, limitados pero funcionales. El auténtico desastre en que ha desembocado su último guión, más conocido como Captivity, está sin duda provocado por la inoperancia de Roland Joffé a la hora de abordar el cine de género, que le llevó a retocar (y seguramente a empeorar) el guión de Cohen, transformando todo viso de inquietud en momentos verdaderamente risibles, apoyados en dos actores tan lamentables como Elisha Cuthbert y Daniel Gillies, además de un Pruitt Taylor Vince que debería pensar seriamente el retirarse un tiempo de la interpretación. A destacar dos momentos por risibles: la muerte de un policía abrazado a una lámpara y la puerta que la protagonista atranca pero se abre al revés.
LA FUENTE DE LA VIDA. No dice mucho a favor de los analistas que han despotricado contra el nuevo film de Darren Aronofsky que no hayan entendido lo que éste cuenta, ya que la cosa no puede ser más sencilla. Cierto es que la promoción del film lleva a confusión, pero una lectura atenta revela que los cacareados viajes en el tiempo no son tales, sino que lo que el director de Réquiem por un sueño ha lanzado es una reflexión metafórica, densa y profundamente hermosa de la muerte y la aceptación de ésta, vistas desde tres religiones distintas como son la maya, la católica y la budista. Ante la inminente muerte de su mujer, el personaje del inmenso Hugh Jackman (¡qué bendición para la película que Brad Pitt renunciara!) lucha con uñas y dientes, incapaz de asumir lo inevitable: el libro que Rachel Weisz escribe, ambientado en el Imperio Maya, refleja la aceptación de su destino y la infructuosidad de la desesperada búsqueda de su marido; las escenas supuestamente futuristas, en cambio, reflejan el estado de ánimo de Jackman tras la pérdida, su obsesión por negar, por esquivar la muerte, que requiere de un largo camino de reflexión hasta que se dé cuenta de que la muerte está íntimamente relacionada con la vida. Impresionante, por cierto, la maravillosa banda sonora de Clint Mansell. Una película que vale la pena ver hasta tres o cuatro veces, como mínimo, para captar todas sus inagotables lecturas.
HIJOS DE LOS HOMBRES. Es toda una sorpresa ver a Cuarón, un director que siempre ha tendido a las fantasías más o menos "inocentes" (La princesita, Grandes esperanzas o Harry Potter y el Prisionero de Azkaban), sacarse de la manga una parábola futurista tan deprimente y nihilista como ésta. Lo de menos es la historia central: lo importante es el cuidadoso desarrollo de los personajes (liderados por un impresionante Clive Owen) a medida que avanzan en su camino, el crudo realismo de los conflictos en que está sumido ese entorno futurista y, sobre todo, unas escenas de acción increíblemente espectaculares, con unos tremendos planos secuencia que hacen un uso maravilloso de la profundidad de campo y los efectos digitales. Es de agradecer, además, que el personaje de Owen jamás llegue a empuñar un arma, y que además sea más un personaje de reacciones que de acciones. Lástima de algunos subrayados innecesarios con respecto a la reflexión política del film.
LA HORA FRÍA. Digámoslo claro: hacer referencia a El ángel exterminador en una película que, en realidad, recoge el trabajo de directores como George A. Romero, John Carpenter, Franklin J. Schaffner o, por qué no decirlo, Hironobu Sakaguchi, es un arranque de pedantería de Elio Quiroga que hace antipática su propuesta. Pero es que ésta, además, jamás llega a cumplir sus (supuestas) expectativas, quedando muy por debajo de cualquiera de esas referencias que su director parece querer negar con un producto lleno de intenciones curiosas que, sin embargo, no pasan del mero apunte porque, además resulta evidente, a su director le importa tres pepinos el cine de género. Los personajes son tópicos, sus reacciones previsibles, la trama avanza a trompicones, los momentos terroríficos son de lo más soso, sus referencias bíblicas son risibles por totalmente absurdas... Y su final, que podría haber resultado impactante, no funciona porque a esas alturas la película ya ha perdido gas a marchas forzadas. Que me perdonen sus responsables, pero la frase "Estoy enfermo porque un Extraño me ha tocado" es para enmarcarla.
THE HOST. Si bien no alcanza la excelencia de su anterior y brillante Memories of Murder, con esta brillante película Bong Joon-ho ha conseguido toda una hazaña: dignificar el denostado género de las monster movies, consiguiendo una película que equilibra la fascinación por la criatura que amenaza una ciudad y el interés de sus contrincantes humanos, aportando además una carga metafórica y de crítica sociopolítica que está a la altura de la que consiguió Ishiro Honda con Japón bajo el terror del monstruo, el pistoletazo de salida del kaiju eiga. Lástima que, a partir de cierto punto de la película que no desvelaremos, el ritmo de ésta se resienta por su excesiva duración (a sus 119 minutos le sobran 30), porque la facilidad con la que Joon-ho mezcla el drama con la comedia, y la tensión con los momentos de tranquilidad, denota la mano de un cineasta con un tremendo dominio de la narración. Sin duda, una de las mejores películas del Festival, pues por encima de sus perdonables defectos, brilla la capacidad de su autor para captar la atención del espectador mediante el ritmo interno y la composición de sus planos.
EL ILUSIONISTA. Una burbuja de jabón hecha película: brillante, redonda, etérea... pero sin nada dentro. Al principio parece que la cosa tiene su interés, y que Neil Burger nos está lanzando una historia de venganza que, además, reflexiona sobre el poder de los mass media (ejemplificados en el personaje de Edward Norton) para derrocar regímenes políticos... Pero un desgraciado, innecesario y previsible giro de la trama le quita toda esas sugerencias, convirtiendo el film en una especie de versión "con mago" de Nueve reinas, en la que Paul Giamatti acaba aplaudiendo un asesinato planeado con premeditación y alevosía. Siempre nos quedarán los actores (excepto la muy limitada Biel) y la cuidada estética del film.
ISOLATION. O cómo una película muy, muy pequeña, sin pretensiones, puede dar una sorpresa agradable a los ojos bien atentos. A pesar de las limitaciones presupuestarias con las que tiene que cargar (evidente en las gambas con gabardina que tiene que usar como monstruos), Billy O'Brien es capaz de llevar a cabo una serie B tremendamente efectiva que, aparte de recuperar algo del espíritu de las películas fantásticas con moraleja ecológica de los 70, lleva la sensación de aislamiento y claustrofobia de la saga Alien a una granja rural inglesa. No hay, además, personajes positivos, sino que todos los protagonistas tienen algo de lo que avergonzarse, produciéndose conflictos, enfrentamientos, que lanzan una visión bastante nihilista sobre el ser humano. Quizá, parece decir O'Brien, nos merezcamos que nos exterminen a todos.
LOFT. Las carcajadas que el público profirió al final de la proyección en el Festival del último largometraje (para cine) de Kiyoshi Kurosawa eran síntoma de que, con este film, su visión del fantástico se ha radicalizado, llevando al extremo los presupuestos que ya alejaron a muchos espectadores de la fascinante Kairo. El autor, desde luego, no se lo pone fácil al espectador, y le demanda una extrema atención y una notable fe en lo que está narrando, con lo que el más mínimo despiste puede sacarlo a uno inmediatamente del film. Más allá de algunos diálogos plenamente ridículos, el valor de Loft se asienta en la morosa cadencia de los planos de Kurosawa, y la forma en que éste moldea el fantástico, llevándolo a su terreno. Desde luego, no es una película fácil... Ni lo pretende.
MASTERS OF HORROR: PRO LIFE. Aunque no llega ni mucho menos al nivel de maestría de su primera aportación al proyecto Masters of Horror, Cigarrette Burns (en parte, por culpa de un guión mucho menos sugerente, bastante más prosaico), en este nuevo capítulo John Carpenter vuelve a demostrar que le queda cuerda para rato en lo que a fantástico se refiere. En esta ocasión las cargas de ironía y de mala leche están a la altura de las de ¡Están vivos!, con un espléndido Ron Perlman encarnando a un fanático religioso con unos instintos asesinos muy desarrollados. Si, en cierta manera, su anterior capítulo parecía inspirado en el aire lovecraftiano de En la boca del miedo, en esta ocasión los autohomenajes se multiplican: Asalto a la comisaría del distrito 13, La cosa, El príncipe de las tinieblas... Todo un festín para los fans de Carpenter, pura diversión adrenalínica y palomitera que, sin embargo, no deja de ser un proyecto menor de un cineasta que es capaz de mucho, mucho más.
MENTES EN BLANCO. ¿Quién iba a decirles a James Wan y a Leigh Whannell, cuando rodaron Saw para ser un direct to video, que iban a marcar tendencia incluso en películas de presupuesto notable como la que nos ocupa? El parecido, no obstante, se queda en el punto de partida de "gente encerrada sin saber por qué" pues, a partir de ese punto, el film se dedica a contar una historia sencilla, pero efectiva que juega con el tópico del amnésico que no recuerda su pasado (que tan bien aprovechó Wolfgang Petersen en La noche de los cristales rotos), sólo que multiplicado por cinco. Lo mejor, la eficacia narrativa con la que la historia está contada y su envidiable plantel de actores, todos ajustadísimos en sus papeles. En la Edad de Oro de Hollywood, habría sido un perfecto complemento de serie B para un programa doble.
MOSCOW ZERO. Que, introducción en off aparte, la primera frase de una película provoque carcajadas generalizadas entre el público, debería hacer pensar a sus responsables que quizá el problema del film no es la envidia que provoca su bellísima e inteligentísima directora, sino la incapacidad de ésta para insuflar la más mínima vida a lo que filma. El problema de Moscow Zero no es que sea mala, es que ni siquiera tiene las mínimas intenciones que demuestran películas fallidas como La hora fría o Los abandonados. Si encima sus actores, en lugar de tomarse el proyecto con el cachondeo necesario, se lo toman tan en serio como Vincent Gallo o Joaquim de Almeida, la cosa llega a extremos delirantes. Atención al atocinadísimo Val Kilmer, que pasaba por allí y rodó un par de escenitas para figurar en primera línea de cartel. Con semejante estrella, normal que Luna se estrelle.
PERHAPS LOVE. Este fastuoso musical, que algunos vincularon apresuradamente con Baz Luhrmann y su Moulin Rouge (¿es que no existían los musicales antes de dicha película?), recupera la vieja mecánica de los musicales hollywoodienses de backstage, en que los números musicales no estaban integrados en la historia, sino pertenecían a una obra de teatro o a un rodaje, como es el caso. Peter Chan consigue, hay que reconocerlo, no sólo un espectáculo deslumbrante, sino además una conmovedora y muy inteligente revisión del triángulo sentimental de Casablanca (según confesión del propio director, rendido admirador de la película de Michael Curtiz), defendida con envidiable intensidad por tres actores de tres nacionalidades distintas: Takeshi Kaneshiro (medio taiwanés medio japonés), Zhou Xun (china) y Jacky Cheung (hongkonés). Si bien su tono melancólico, edulcorado, no es apto para paladares que alardeen de cinismo (mientras el que esto suscribe disfrutaba como un burro, muchos otros roncaban al ritmo de la música), vale la pena el esfuerzo para disfrutar de sus notables alardes artísticos y técnicos.
PRINCESS. Polémica desde su mismo concepto, negra hasta el último rincón de sus fotogramas, a pesar de algunas salidas de tono de su autor por una necesidad excesiva de que su protagonista contara con el favor del público, el debut en el largometraje de animación de Anders Morgenthaler, pese a ciertas irregularidades, fue sin duda una de las películas más valientes y estimulantes de todo el festival. Su historia al límite del histerismo, plagada de personajes traumatizados y llenos de sentimiento de culpabilidad y frustración, nihilista hasta la médula, contrasta con el trazo simple, lleno de colores vivaces, alegres de sus imágenes, algo que precisamente hace que sea más chocante cara al espectador. Impresiona el retrato de la caída en picado de su protagonista, ansioso por expiar su sentimiento de culpa y sus deseos incestuosos no confesos hacia su hermana, y cómo, tras su apariencia de hombre normal, se esconde un terrible Ángel de la Muerte capaz de arrastrar a la nada a todas las personas que entran en contacto con él. Mucha atención al próximo film de Morgenthaler, Echo. Puede ser un sorpresón.
RENAISSANCE. Su espectacular aspecto gráfico, claramente deudor de las novelas gráficas de la saga Sin City de Frank Miller, es lo más destacable de un film que recupera demasiados tópicos de la novela negra, y además los recupera sin excesiva gracia, a través de unos personajes demasiado cuadriculados, mal desarrollados. Lo que mejor se aguanta son sus escenas de acción, dinámicas y llenas de energía, y sobre todo ese París futurista, que mezcla de forma inteligente la realidad actual de la ciudad con una mezcla del futurismo art decó de Metrópolis y el aspecto cyberpunk de Blade Runner. Su otro gran problema es que quiere asumir cierta influencia del anime, especialmente de Katsuhiro Otomo (los ecos de Akira son evidentes), pero lo único que consigue es diluir aún más su ya excesivamente difusa utilización de lo más sobado del noir.
ROHTENBURG (GRIMM LOVE STORY). Lo malo de la ópera primera del director de videoclips Martin Weisz no es que éste le imprima a sus imágenes cierto aire provocativo, malsano, sino que no sea capaz de llevar esa provocación hasta sus máximas consecuencias, escondiendo los detalles más escabrosos de una historia que, no hay que olvidarlo, es totalmente real (sustituyéndolos, en cambio, por momentos tan lamentables como el del pene de pan). Además, detalles como la subtrama de la estudiante que interpreta Keri Russell, que aparte de justificar la estructura del guión sólo aporta una torpe derivación de la reflexión sobre el morbo del voyeur que desarrolló Amenábar en Tesis (y él no es, precisamente, un cineasta de tesis), o los penosos intentos de encontrar una justificación psicoanalítica al comportamiento de los protagonistas, obviando por completo los obvios trastornos psicopatológicos de ambos, hacen todavía más incomprensible los premios obtenidos por una obra tan deficiente. Ah, por cierto, un detalle: el tan cacareado desmayo que se produjo durante la proyección fue por una bajada de tensión por culpa del calor en El Retiro.
A SCANNER DARKLY. Que Philip K. Dick fue, por regla general, mejor argumentista que escritor, excepto en casos más o menos excepcionales, es algo evidente al repasar su obra. Así que el loable intento de Richard Linklater de adaptar de forma literal su novela Una mirada a la oscuridad, sin la inteligente adaptación de films como Blade Runner, Desafío total o Minority Report, es un error de partida que lastra la película con un montón de acontecimientos innecesarios, de escenas sobrantes que bajan el ritmo en el inicio, aburriendo al espectador y demandándole un esfuerzo sobrehumano para llegar a lo más interesante, la resolución de la trama y el descubrimiento de los diversos giros típicos de Dick. Lo más interesante, sin duda, es la técnica de animación con rotoscopia utilizada, una muy atractiva evolución del trabajo realizado en la anterior Waking Life y que podría darnos muchas alegría en un futuro.
SISTERS. ¿Qué sentido tiene adaptar de forma casi literal uno de los primeros films de Brian de Palma, cuyo débil argumento era una mera excusa para desplegar sus poderosas armas visuales (por entonces aún en evolución), pero con un estilo visual frío, distante, aburrido? La admiración que el propio Douglas Buck confesó hacia la película original le impide hacer cambios sustanciales más allá de lo puramente anecdótico, convirtiendo lo que ya era un posmoderno ejercicio de cinefilia (eso sí, con inspiración en el maestro Hitchcock) en otro posmoderno ejercicio de cinefilia (o sea, inspirada en algo inspirado en Hitch). Es decir, un absurdo.
SPECIAL. Sin ser un film extraordinario, el acercamiento socarrón y paródico que los directores y guionistas Hal Haberman y Jeremy Passmore hacen al universo de los superhéroes (en una especie de reacción humorística e indie al bombardeo comiquero de los últimos años) despierta simpatía por su divertida simplicidad y la descacharrante interpretación de Michael Rapaport. Lástima que, después de reírse con ganas e inteligencia de los tópicos de las películas del género (atención a la visualización de los supuestos poderes del protagonista), los autores tengan la necesidad de cerrar la película con un epílogo supuestamente moralizante, con mensaje, que desgraciadamente contradice todo el discurso del film al darle, en realidad inconscientemente, auténticos superpoderes a su protagonista cuando lo que intenta es demostrar la fortaleza de su humanidad. Aun así, una curiosidad muy recomendable, especialmente para fans de los cómics de superhéroes.
SUBJECT TWO. O cómo aburrir a las piedras con una versión pedante, sosa y sobrecargada de diálogos de un mito tan fértil como el del Barón Frankenstein y su criatura. No hay nada de lo que Philip Chidel y sus actores (además de productores) Christian Oliver y Dean Stapleton intentan aportar con este film que no pueda encontrarse, por cierto mucho mejor desarrollado, en la serie de películas sobre el personaje que Terence Fisher hizo para la Hammer con Peter Cushing como estrella absoluta. Cualquiera de ellas tiene más cine en uno solo de sus fotogramas que en cualquiera de las imágenes en alta definición de Subject Two... Además de resultar narrativamente mucho más modernas.
TIDELAND. Mucho más interesante que la mediocre El secreto de los Hermanos Grimm, este radical acercamiento de Terry Gilliam al mundo de la infancia resulta fascinante, hipnótico, aunque como todas las obras más personales del director acaba dando demasiadas vueltas sobre los mismos temas y similares ocurrencias visuales. Todo el film se sostiene sobre la admirable interpretación de Jodelle Ferland, que a pesar de su corta edad carga toda la verosimilitud del film sobre sus frágiles hombros, transmitiendo toda la fértil y muy barroca imaginación de su personaje sin necesidad de efectos especiales ni trucajes ópticos. Gilliam es capaz de tamizar mediante la prodigiosa Ferland los horribles acontecimientos de la historia, transmitiéndonos un mundo mágico, lleno de encanto, en lo que es más que un pedazo de tierra inservible en el lugar más tenebroso imaginable de la América Profunda.
TIME. Que Kim Ki-duk ya no está de moda lo demostraron los silbidos que le dedicaron al inicio de este film (es lo que tiene el público cool-gafapasta, que es infiel por naturaleza). Ellos se lo pierden, en todo caso, porque más allá de los arranques budistas de sus últimos films, ya directamente excesivos en la algo pesada El arco, hay en este film una interesantísima búsqueda de lo universal en lo excepcional. Apoyado, en un curioso giro dentro de su carrera, en unos diálogos abundantes e inteligentes (ilustrados, eso sí, con unas imágenes tan fascinantes como siempre), Ki-duk explora la dificultad de las relaciones a largo plazo y lo que la provoca: la volubilidad humana, los celos, la monotonía, el egoísmo... y, sobre todo y ante todo, la falta de comunicación. Tanto la situación como el comportamiento de los personajes, no por extremos son menos humanos, menos auténticos. El ritmo de Time se resiente por una duración un tanto excesiva, apoyada en unas repeticiones innecesarias que recuerdan a las del anterior film del director, pero eso no debería impedir ver lo que es una obra personal, cargada de interés, de un autor en plena evolución creativa.
TZAMETI (13). No bastante con rodar una película en blanco y negro ni con mantener un cierto tono de suspense (sobre todo si es como en este caso, ocultándole al espectador qué ocurre hasta bien avanzado el film) para hacer cine negro. Lo debería saber Géla Babluani, el director del film, y los que lo han defendido por tan pírrico motivo. Esta película tiene una idea central atractiva potente, turbadura e interesante, pero su autor no ha sabido hacerla crecer más allá de los apuntos de lo que podría haber sido un cortometraje interesante, y se ha limitado a alargar la anécdota como un chicle, añadiendo además una serie de detalles argumentales que no aportan nada más allá de alargar la duración hasta los 86 minutos exhibidos. Lo peor, sin duda, es su previsible (y bastante gratuito) final y, sobre todo y ante todo, la patética interpretación del protagonista, George Babluani, casualmente pariente del director.
THE WICKER MAN. Partiendo de que la primera incursión de Neil La Bute en el género fantástico es un film fallido, sorprende la cantidad de voces que han clamado alegremente lo poco que aporta al original de Robin Hardy. Ya sea por pura ignorancia o por mitificación del original, lo que no se le puede negar a La Bute es que ha impregnado la película de sus obsesiones personales, llevándola a un terreno distinto, más turbador precisamente por proponer no un choque moral y religioso, sino una confrontación más social, más genérica. Lo terrorífico de la aventura de un correcto Nicolas Cage (mucho mejor de lo que muchos afirman: al menos mejor que la mediocre Kate Beahan) está, precisamente, en la opacidad, la cerrazón de los habitantes de la isla a la que se desplaza, y cómo ésta se va desvelando como una enorme colmena llena de abejas trabajadoras en la que los hombres, es decir los zánganos, no sirven más que para la reproducción. Detalles tan turbadores como la abundancia de parejas de gemelas idénticas en el pueblo o la casi completa mudez de los habitantes masculinos le sirven al autor para hablar, de nuevo, sobre la imposibilidad de entendimiento entre hombres y mujeres y, de paso, lanzar una reflexión sobre lo perjudicial de las sociedades que le dan una preeminencia excesiva a un género.
Una vez con el repaso terminado (mucho más tarde de lo previsto, pero las circunstancias laborales obligan), sólo añadir la pobre imagen que del Festival ha transmitido el reparto de premios realizado por el Jurado. Dar la mayoría de premios a dos películas tan poco fantásticas (en cuanto a género y a calidad) como Requiem y Rohtenburg hace pensar en una decisión de compromiso, lo mismo que ocurre con los premios menores otorgados a films mucho más interesantes, como The Host o Time. Pero lo que ya entra, directamente, en el absurdo más absoluto, es darle dos premios al apreciable trabajo de Joe Dante en Homecoming y, sin embargo, obviar el realizado por John Carpenter en el brillante Cigarrette Burns, sin duda el mejor episodio de la primera temporada de Masters of Horror. Siempre nos quedarán las mucho más acertadas decisiones del Jurado Meliès de Plata (que fue a parar a la interesante Princess), del Jurado Joven (que dio un merecidísimo galardón a Exiled y una mención a Carpenter) y Orient Express (a The Host).
Y no queremos terminar sin recomendar los especiales escritos por algunos de los compañeros de Festival del autor, con opiniones tan o más interesantes que las de estas líneas:
http://sisemueven.blogspot.com/2006/10/sitges06-miradas-de-cnico-viernes-6-da.html
http://caos.tijeretazos.net/Sitges06/Sitges06000.htm
El año que viene, si no hay mayores problemas, más. Y, esperamos, con mayor implicación del autor... Pero todo a su tiempo.
a las
14:16
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13 comentarios:
Yo sólo lamento que el director de "Duelist" sí pueda hacer una película peor. Desafortunadamente, siempre se puede.
Por cierto, Roland Joffé es tan patético como dices pero ¿tanto como para que sea innombrable?
Vaya caña te estas dando, Tonio
Vaya, ¡menudo atracón de cine! Yo un día fui a dos sesiones seguidas y casi me muero. Quizá fue porque una de las pelis era "La delgada línea roja". Brrrrrrr.
Sí me estoy dando caña, sí... Porque me da pereza ponerme a trabajar y esto es más divertido. Lo malo es que ahora tendré que trasnochar.
Y es cierto que puede hacer una película peor que "Duelist". Pero quería poner una nota de esperanza, después de la caña que le he dado.
Ya está corregido lo de Joffé. Por cierto, que no dirigió "Super Mario Bros", pero rodó una parte de forma no acreditada (igual que Dean Semler): los directores que "firmaron" fueron Annabel Jankel y Rocky Morton, los creadores de "Max Headroom" y firmantes de la nueva versión de "Muerto al llegar".
Y Petrarca, la verdad es que he disfrutado como un burro, pero cuando ves entre cuatro y cinco películas al día te pasan cosas como que te duermes a ratos, te pones a pensar en otras cosas en vez de ver la película... ¡Son demasiadas horas volcadas al cine!
Tonio, no hagas la crónica de "Moskow Zero"...a saber si la jefa de prensa anda por aquí..jejejej..."las puertas del infiiiiierno...guerras atómicas, enfermedades vénereas, pasteles de chocolate..."
Saludos
Por dios, Moscow Zero, vaya cagarro más grande ya que se la menciona... yo tb anduve por Sitges, aunque tuve la suerte de ver alguna cosa más... para mi la peli del festival fue la de Del Toro. Exiled me gustó, pero no me resultó la gran maravilla que muchos pregonaron a su salida del cine. Por cierto, la de Joffé será todo lo mala que quieras, pero reconozco que me entretuvo y me resultó una gozada que la explicación para el tema de matar sea algo tan mundano y no una memez de esas de traumas infantiles o cosas del estilo del horrendo remake de "Hermanas", PUF!
Ahora es cuando viene "el usuario anónimo", antifaz y pistola en ristre, y citando al cristiano de la peli de Verhoeven grita: "has blasfemado, viva el cine español y viva Quiroga"
The end.
jejeje...al contrario de lo que decías en tu blog, parece que te dolió bastante que alguien te llevara la contraria cuando ponías verdes a todas las pelis del festival, eh k.brohn? Bueno, es lo que pasa con los que van de "enterados del cine" (conozco docenas): se pasan, como tú, siete pueblos con todo Dios, pero cuando alguien les saca los colores públicamente o les afea que hagan degüellos personales en vez de buena crítica de cine (positiva o negativa, pero informada), ese alguien se convierte en tu enemigo de por vida...tssss...qué pueril. Pues nada, hombre, tú a lo tuyo, a cagarte en la madre que parió al personal (español o camerunés, es igual) sin que nadie te chiste, si es lo que deseas. A mi, honestamente, me la pela :)
El "usuario anónimo".
Patética respuesta, pardiez.
Antes de acusar a los demás de "enterados", deja atrás esa pose de pedante enteradillo y perdonavidas, colega. Qué fácil es hacerle el chulito desde el anonimato de internet, ¿verdad?
He de insistir en que no sólo no me dolió tu comentario, quién quiera que seas, sino que hasta me hizo una infantil ilusión. En serio, por un momento incluso me diste la esperanza de que yo pudiera ser un tipo con la capacidad de provocar escozores ajenos. Mas uno es pesimista y finalmente he llegado a la conclusión de que o eres un bromista o eres tonto. Esto último no te lo tomes como un insulto sino como una objetiva apreciación de la realidad. Hay gente coja, hay gente sorda, hay diabéticos, hay asmáticos, hay trapecistas y, entre otras posibilidades más, hay tontos.
En mi último comentario en este blog sólo advertía sobre los peligros de poner mal ciertas producciones patrias, no se nos vayan a echar encima los que confunden el cine con la exportación de jamones, mofándome de las actitudes provincianas y cazurras de los que defienden subnormalidades como "La hora fría" o "Moscow Zero" por el simple hecho de estar hechas aquí.
Y no sé dónde se ha negado la posibilidad de chistarme, si dentro de mi ineptitud tuve que romperme la cabeza para algo tan fácil como conseguir que cualquiera pudiera opinar sin tener un blog. Y aunque prefiero que me argumenten los reproches más allá de las buenas intenciones o del patriotismo pueril, estás invitado a patalear cuando quieras en mi blog. Aunque no sé si seguirás perdiendo tu tiempo en seguir visitando un lugar que no va a dejar de ser pedante, maleducado y cagón, y donde en ningún momento se ha tenido ni se tendrá la intención de hacer crítica cinematográfica, aunque lo pueda parecer. Es lo que pasa cuando uno opina, simplemente opina, pero lo hace con pedantería y siendo un enteradillo, como yo.
Y los enemigos los busco en otros sitios que poco tienen que ver con el cine, tontín.
Por cierto, Tonio, perdona que de forma indirecta haya traído a tu blog esta coversación. Ya sabemos que por lo menos el tipo este tiene buen gusto para leer blogs.
Felicidades por el exhaustivo repaso, Tonio. Es el primer comentario que leo sobre BOSQUE DE SOMBRAS, ya que a raiz de su pase por Donosti no había conseguido leer nada, y eso me escamaba. La veremos, anyway.
cinefforum
Gracias por la felicitación, Josemi. Querría haberla dejado terminada la semana pasada, pero a mi vuelta de Sitges he tenido que ponerme al día a nivel laboral y ha sido una locura. Espero dejar el repaso listo durante los próximos días.
Por cierto, aunque "Bosque de sombras" sea imperfecta, es una película muy interesante. Al menos Koldo Serra demuestra unas inquietudes y unas maneras mucho más interesantes que el resto de españolitos que pasaron por el Festival (léase Lunaaagh, Elio Quiroga, Nacho Cerdà o Daniel Monzón). Vale la pena verla, incluso con sus defectos.
Tarde pero ¡por fin! está terminado el repaso a las películas visionadas en Sitges.
Muchas gracias a la paciencia de los (pocos) que hayan estado siguiendo la lenta evolución del artículo.
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